Semana 1:
El lenguaje: la herramienta invisible que da vida a tu historia Cuando comencé a escribir, creía que una buena historia dependía únicamente de una gran idea. Pensaba que, si la trama era interesante y los personajes resultaban atractivos, el resto ocurriría casi por sí solo. Con el tiempo descubrí que estaba equivocada. Recuerdo una ocasión en la que releí uno de mis primeros escritos. La historia seguía siendo buena, al menos en esencia, pero había algo que no lograba conmoverme. Los personajes hacían lo que debían hacer, los acontecimientos estaban en su lugar y el final tenía sentido. Sin embargo, el texto no respiraba. Era como contemplar un escenario perfectamente construido, pero sin actores que le dieran vida. Entonces comprendí que no era la historia lo que necesitaba cambiar. Era el lenguaje. Las palabras no son un simple vehículo para contar lo que ocurre. Son el espacio donde la historia adquiere ritmo, color, emoción y profundidad. Dos escritores pueden narrar exactam...