Semana 1: “¿Y si dejo de sonar como yo?”
Te lo digo así, sin rodeos: a muchos escritores nos ha pasado. Estás empezando a escribir, te gusta lo que haces… pero aparece un miedo raro: ¿y si leo demasiado a otros y termino escribiendo como ellos? Entonces haces algo curioso: te alejas de los libros justo cuando más los necesitas. Este miedo nace de una idea equivocada: creer que la voz propia es algo frágil, como si se pudiera borrar fácilmente. Pero en realidad, tu voz no es una copia ni un molde vacío. Es una mezcla de lo que has vivido, lo que piensas, lo que sientes… y sí, también de lo que lees. Leer no te quita identidad, te la construye. Lo que sí puede pasar es que, al principio, imites un poco. Es normal. Es como cuando aprendemos a hablar: repetimos, probamos tonos, nos equivocamos. No es pérdida de autenticidad, es parte del aprendizaje. Recuerdo que una vez leí varios cuentos seguidos de un mismo autor y, cuando volví a escribir, mis frases sonaban distintas. Más cortas, más “afiladas”. Me asusté. Pensé: ya no...