Antes de escribir una novela, hay que aprender a gestarla.
Pero ¿qué pasa antes?
¿Qué hacemos cuando tenemos una idea que nos entusiasma, pero todavía no sabemos exactamente qué queremos contar? ¿Cuando aparecen personajes, escenas o situaciones, pero la historia todavía parece desordenada? ¿Cuando queremos empezar cuanto antes porque sentimos que esa idea se nos puede escapar?
Ahí comienza un proceso del que se habla poco: la gestación de la novela.
Y para un escritor principiante, aprender a reconocer este período puede marcar una gran diferencia.
Una novela también necesita tiempo para gestarse
Pero una cosa es tener una idea y otra muy diferente saber qué historia queremos construir con ella.
Durante ese tiempo de gestación podemos investigar, tomar notas, observar, hacer preguntas, imaginar personajes, descubrir conflictos y pensar en el escenario donde ocurrirá nuestra historia.
También podemos cambiar de opinión.
Y eso está bien.
A veces creemos que ya sabemos cómo será nuestra novela y, mientras la vamos pensando, descubrimos que en realidad queremos contar otra cosa.
La gestación no es tiempo perdido. Es parte del proceso creativo.
Uno de los errores más frecuentes del escritor principiante es sentir que debe comenzar a escribir inmediatamente.
A veces, antes de escribir una historia, necesitamos aprender a escucharla.
¿Qué quiero contar?
¿Quién es el protagonista?
¿Qué le sucede?
¿Qué desea conseguir?
¿Qué tendrá que enfrentar?
¿Dónde ocurre la historia?
¿Qué quiero provocar en quien la lea?
Quizás algunas respuestas aparezcan rápidamente y otras necesiten tiempo.
Cuando escribí mi novela, también tuve que atravesar ese momento en el que una idea deja de ser solamente una idea y comienza a convertirse en una historia.
Y con el tiempo entendí algo que considero fundamental:
una novela necesita ser pensada antes de ser escrita.
Porque escribir una novela no es solamente escribir mucho.
Es saber qué queremos construir.
Y este es apenas el comienzo.
Porque después vendrán los personajes, la estructura, el conflicto, la documentación, los capítulos, las dudas, los momentos de bloqueo, las decisiones y también esas pequeñas alegrías que aparecen cuando sentimos que, poco a poco, la historia comienza a tomar vida.
De eso seguiremos hablando en las próximas semanas.
Porque escribir una novela es mucho más que escribir una historia.
Es acompañarla desde que nace una idea hasta que finalmente encuentra su propia voz.
María Ramos Tejada
Educadora, escritora y blogger

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