“Pedir perdón sin rodeos: cuando lo siento viene del corazón”

 

¿Te ha pasado que alguien te dice “lo siento” y tú piensas: ¿pero lo siente de verdad? O peor aún, que tú misma sabes que metiste la pata, pero no sabes cómo arreglarlo. Pedir perdón no es solo decir dos palabras mágicas. Es mirar de frente lo que hicimos, hacernos cargo y tratar de reparar. Y sí,da miedo. Pero también libera.

Hoy quiero hablarte de eso: de las disculpas sinceras y de cómo asumir lo que sentimos puede cambiar nuestras relaciones.

A veces creemos que pedir perdón nos hace ver débiles, pero en realidad es todo lo contrario. Requiere coraje. Porque no se trata solo de decir “perdón”, sino de:

Reconocer lo que hicimos: No vale el “si te sentiste mal, lo siento”. Hay que decir “lo que hice estuvo mal”.

Hacernos cargo emocionalmente: Entender cómo afectamos al otro, sin excusas ni defensas.

Buscar reparar: A veces es con una acción, otras con un cambio real en nuestra actitud.

La responsabilidad emocional es eso: no tirar nuestras emociones como si fueran bombas y luego decir “ups”. Es entender que lo que sentimos es nuestro, y lo que hacemos con eso también.

Te cuento algo que me pasó hace poco. Estaba muy estresada y terminé contestándole mal a mi hermana por WhatsApp. Nada grave, pero fui cortante, seca, cero cariño. Ella me respondió con un “¿todo bien?” y ahí se me cayó la ficha.

Pude haber dicho “estoy cansada, no me lo tomes a mal”, pero en vez de justificarme, le dije: “Perdón por el tono, no fue justo. Estoy saturada, pero eso no justifica que te hable así”. ¿Sabes qué pasó? Me respondió con un “gracias por decirlo, te entiendo”. Y listo. No hubo drama, solo conexión.

Desde ese día trato de no esconderme detrás del “estoy así porque estoy mal”. Ser honesta me hace sentir más tranquila.

Pedir perdón no siempre arregla todo, pero sí abre puertas. Nos permite crecer, entendernos y cuidar los vínculos que valen la pena. Ser emocionalmente responsables no es fácil, pero es un regalo que nos damos a nosotros mismos y a los demás.

Así que la próxima vez que sientas que has herido a alguien, no lo pienses tanto. Respira, reconoce, y habla desde el corazón. Porque cuando él “lo siento” es sincero, se nota. Y se siente.

Un abrazo.

María Ramos Tejada

Educadora, escritora y Blogger

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Análisis general del libro: EL HOMBRE MEDIOCRE.

“La narrativa perfecta: Errores comunes y soluciones prácticas”

El corazón de la ficción: