¿” Bueno” o "Malo”? El Secreto para Encontrar Tu Voz Única al Escribir.
¿Alguna vez has leído un texto y, sin saber por qué, te has
enganchado desde la primera línea? Eso, querida lectora, no es solo buena
ortografía o una historia interesante; es el estilo del escritor.
El estilo es tu huella dactilar literaria, la forma en que eliges
y ordenas las palabras, el ritmo de tu frase y la atmósfera que creas. A menudo
nos obsesionamos con escribir “bien”, cuando lo realmente transformador es
escribir con autenticidad. Dejemos de lado la dicotomía de “estilo bueno o
malo” y enfoquémonos en encontrar un estilo propio que resuene con quienes
somos y con quién es nuestro lector.
Tu estilo se construye con decisiones conscientes e inconscientes:
• Tu Vocabulario: ¿Eres
formal o informal? ¿Usas muchas metáforas o prefieres la precisión directa?
• Tu Sintaxis: ¿Tus
oraciones son largas y fluidas (como un río), o cortas y contundentes (como un
latido)?
• Tu Tono: ¿Eres
sarcástica, inspiradora, melancólica o didáctica? El tono es la música de tu
texto.
• Tu Ritmo: ¿Cómo
manejas las pausas y los énfasis? Esto mantiene al lector en movimiento.
La clave para tener un gran estilo no es copiar a un autor
famoso, si no refinar el tuyo hasta que sea claro, coherente y cautivador.
El estilo "Malo” es, en realidad, un estilo incoherente, que confunde al
lector porque salta de un tono a otro o usa palabras sin precisión.
Hace dos años, cuando comencé a
escribir en el blog, creía que debía sonar “intelectual”. Me refugiaba en
palabras rimbombantes y frases enredadas, convencida de que así se escribía “en
serio”. Me sentía muy escritora, sí… pero no conectaba con nadie.
Mis textos eran densos, distantes.
Yo misma me perdía en ellos.
Con el tiempo, entre lecturas,
práctica y tropiezos, entendí algo esencial: no necesitaba un diccionario para
impresionar, sino una voz para emocionar. Descubrí que mi mejor estilo no era
el que imitaba a otros, sino el que se parecía a mí.
La María de la cafetería, la que
cuenta historias con pasión, humor, con muletillas, metáforas sencillas y
anécdotas e historias personales. Esa era la voz que mis lectores estaban
esperando.
Fue un golpe de humildad… y una
liberación. Cuando empecé a escribir desde lo auténtico, mi estilo dejó de ser
un obstáculo y se convirtió en un puente. Mis palabras empezaron a resonar, a
tocar, a quedarse.
Aprendí que el estilo no es un don
divino. Es disciplina, autoconocimiento y vulnerabilidad. No se trata de buscar
el estilo perfecto, sino el verdadero.
Hoy, mi voz única es el activo más
valioso del blog. Y cada vez que la dejo brillar, me recuerda que escribir no
es aparentar, sino conectar.
María Ramos Tejada
Educadora, escritora y Blogger
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